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Por Manuel Arce Pardo El 9 de mayo se celebró el Día de las Madres en numerosos países. En Cuba es una tradición arraigada, aquellos que conservan a su madre van a su lado este día para disfrutarlo en familia, los que perdieron a sus madres lo pasan con esposas, hermanas, hijas; no faltan los regalos y hay muchas flores. Este año, al igual que en años anteriores, la fiesta fue grandiosa en cada casa, en cada calle y en cada barrio del país. Sin embargo 5 madres se quedaron sentadas llenas de enorme tristeza, pues saben que al igual que en los últimos 10 años no van a ver a sus hijos, que aún estando vivos, son prisioneros de la injusticia, el terror y la prepotencia de aquellos que los encerraron, sólo por el terrible delito de luchar contra el terrorismo y tratar de evitar de ese modo cualquier golpe criminal contra este pueblo. Las madres de Antonio, Gerardo, Ramón, Fernando y René, se ven privadas de abrazarllos, de sentir el calor de sus manos, de apoyar sus mejillas cansadas sobre los fuertes hombros de sus hijos, que mantienen la frente erguida en la prisión injusta y cruel. Hoy todos los que sentimos la injusticia como si fuera en nuestra propia carne, todos los hombres justos y cabales de este mundo alzamos nuestras voces, para que el nuevo gobierno norteamericano limpie esta ignominia e impida de una vez y por todas, que estas cinco madres cubanas vuelvan a estar en el "Día de las Madres" -no solas, pues todos los hijos de Cuba estuvieron junto a ellas- esperando por aquellos otros cinco hijos del alma, que sufren un cruel e injusto encierro.
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